Cosas que pasan

Durante estos años he cumplido mi sueño de viajar por el mundo. He cubierto golpes de estados, terremotos y elecciones. He estado en Asia, Medio Oriente y Latinoamérica. Una de las comisiones me permitió visitar varias ciudades de Estados Unidos, entre ellas San Francisco. No había tenido contacto con ella desde la ruptura y no sé porqué decidí escribirle. Me llevó al Golden Gate.

Durante estos años le ha ido muy bien, trabaja en una ONG que vela por el medio ambiente, se casó y tiene una hija. Se nota que es feliz. La pasamos bastante bien en ese reencuentro. En ningún momento, me manifestó rencor ni resentimiento. Parecía que había volteado la página. Pero, en un momento me invadió la nostalgia y le pregunté si me odiaba. Ella me respondió que no, que son cosas que pasan. Adivinen en qué mes estábamos.

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¿Sobre qué escribíamos en el 2008?

En el 2008 creé mi cuenta en Facebook. Eme me convenció apelando a los quizs que te permitían saber qué superhéroe o personaje de los Sopranos eras. Y el Facebook fue mi perdición. Durante meses, usé el chat de la red social para coordinar el cambio de vida que tenía planeado. No obstante, cada quiz y conversación me abrían los ojos.

A los veinte años, uno todavía cree que es posible cambiar al mundo. Los Yes We Can aún nos llenan de optimismo. Por eso escribíamos textos con los que buscábamos construir comunidad. Pero a medida que se avanza hacia los treinta el pragmatismo empieza a imponerse. Con las redes sociales, el narcisismo se convierte en ley. El yo derrota al nosotros. Por eso, creo que no viajé. Terminé con ella por mensaje de Facebook. No pretendo que me disculpen, solo que me entiendan. Ella sí lo hizo.

Me dicen el desaparecido

La última vez que nos vimos por aquí –aunque en realidad por allá– fue exactamente hace doce años. En ese último post les hablé del camino del migrante y, como saben los fieles seguidores de este blog, nada es casualidad. Todo es destino. Tampoco es novedad para ustedes que durante más de dos años me vendí como un romántico empedernido, como uno de esos sujetos capaces de hipotecar el futuro por un ser amado. Y bueno, ¿qué creen que me había pasado? Como decía Juan Gabriel, lo que se ve no se pregunta. Bueno, la cosa es que ya había comprado mi pasaje y desalojado mi departamento. Mi enamorada me esperaba en San Francisco. Estábamos listos para iniciar una vida juntos. Pero faltaba un pequeño detalle, tenía que renunciar a mi trabajo. Y bueno como dice el cuento el destino es chambón. Cuando estaba cerca de mandarme mudar, me ofrecieron ser editor. Y pasó lo inesperado, de repente, el enamoramiento se esfumó. Sí, sé que los traicioné. Rompí todas las reglas que había impuesto en este blog. No pasé la prueba del romanticismo. Me vendí al sistema.   Y bueno por eso es que me dicen el desaparecido. Llevo en el cuerpo una condena. He regresado para purgarla. 

el retorno

Doce años después de su sorpresiva desaparición, nuestro héroe ha despertado de su letargo. ¿Qué motivaciones lo han empujado a retomar un espacio que abandonó sin dar explicaciones? ¿En dónde se escondió durante todo este tiempo? ¿Por qué ya no escribe en su blog original? ¿Qué cosas han pasado en abril durante más de una década? En las siguientes entradas se irán develando los misterios. Mientras tanto, la sección de comentarios queda abierta a aquello(a)s que deseen plantear sus interrogantes. Por el momento, ya saben que ha vuelto.

Nuestra vida es un conjunto de cosas que pasan. Algunas de ellas en abril.